27.12.05

EL BELÉN DE NUESTROS SUEÑOS Y LA BETLEHEM ACTUAL

Durante estos días de Navidad muchos son los hogares que han adornado el comedor o la entrada de su casa con un Belén, recordando el nacimiento del profeta Jesús. Ésta es una costumbre para estas fechas que se celebra en muchos países del mundo de tradición cristiana.
Todos hacemos nu
estro Belén de un estilo determinado, con unas figuras u otras, de materiales y tamaños diversos...y con mucho cariño por supuesto. Todos intentamos rememorar aquel acontecimiento dándole una importancia casi majestuosa, y alrededor de él se cantan canciones populares, se recitan poesías, se reza... da luz y energía a nuestros hogares.
Éste es nuestro Belén. Es la imagen que todos tenemos de esa pequeña ciudad al Sur de Jerusalén: bíblica, de olivos milenarios, de montañas y ríos harmoniosos, de gentes alegres y entregadas que viven en paz... Pero esa es nuestra Belén ideal, o la Belén que a todos nos gustaría ver. No todo es así, hay otra realidad muy diferente: La ciudad de Belén HOY es una ciudad completamente ENCERRADA.
Tuve la oportunidad de poder
visitar esta ciudad, la primera ciudad autónoma de la Autoridad Nacional Palestina, en los días que se celebraban sus elecciones locales el pasado mes de Mayo.
El camino de Jerusalén a Belén no era nada fácil. En realidad es una simple travesía en coche, ya que es una
distancia relativamente corta, pero el tener que pasar diversos controles de la IDF (policía israelina) hace que este camino sea toda una odisea.
La primera imagen de Belén que se aprecia, pasado el primer punto de control, es la de una fortaleza. No una fortaleza por las protecciones defensivas; sino todo lo contrario; una verdadera prisión rodeada de diversas medidas de seguridad. También alguna que otra colonia o asentamiento a la lejanía.
A medida que uno puede ir entrando a la ciudad se considera un privilegiado ya que muchos otros se han quedado por el camino en los diversos controles. También se da cuenta que también hay otros sistemas para ir cerrando la ciudad, o mejor dicho aislándola del exterior.
Ésta es la principal imagen que tiene el visitante que consigue llegar a ella, gris de hormigón, soledad, silencio... mucha pena ya que se desvanece el mito.


Al llegar a la plaza de la Natividad hay otra imagen, que en este caso anima al visitante. La plaza de la Natividad, lugar donde la tradición dice que nació el profeta erige una monumental iglesia bizantina de una belleza considerable, y a pocos metros de ella otro monumental símbolo de otro tradición religiosa, la mezquita de Omar. El visitante puede ver como dialogan entre ellas diversas culturas, y la sensación que se tiene es la de equilibrio, la de respeto... Entre ellas está situada la municipalidad y una de las escasas comisarías de una policía, que en aquel momento estaba desarmada ya que no se les permitía disponer de ningún sistema de seguridad por parte del gobierno israelí.
La plaza es un desierto. Hay algunas horas al día que son más transitadas por ciudadanos de Belén y algún que otro turista latinoamericano o español.
El zoco de Belén, muy conocido años atrás, otro desierto. La gran mayoría de puestos y comercios cerrados por gente que no han podido soportar la poca afluencia de turistas o porque no han soportado la situación de aislamiento social de los últimos meses y han decidido poner tierra de por medio. Los que quedan, desesperados por vender lo que sea, por superar esa situación que les asfixia.
En la entrada al tempo de la natividad diversos policías de la autoridad nacional se dedican a hacer encuestas a los visitantes que entran al templo. Uno puede ver que no tienen más de ocho o diez cruces en su lista del día, y dudo que sea porque no quisieran trabajar.
Al saber que eres español, la pregunta de rigor: ¿del Barça o del Madrid? Para establecer una conversación futbolera en un inglés perfectísimo. Por parte suya, por supuesto.
Dentro de la Natividad uno puede dejarse seducir por la majestuosidad del templo y su simbología religiosa ortodoxa, copta, católica... o jugar a ser el “pequeño príncipe” y adoptar una perspectiva de observador... y quedar también tocado, pero en este caso por otras cosas.
La visita, claro que sí, merece la pena.
A la salida de Belén, uno toma más conciencia de lo que va dejando atrás y la situación de debilidad de sus gentes. Durante estos días por lo menos están algo contentos porque por primera vez en su historia han podido celebrar el derecho a escoger libremente a sus líderes políticos locales, aunque en el caso de Belén hay una normativa diferente al resto de ciudades y pueblos palestinos. Han dado un ejemplo de participación, de respecto y orden, y de democracia bajo una situación de ocupación militar, y no solo aquí en Belén. ¡Que dure este ejemplo! Y que nos demos cuenta que a veces para conseguir la paz, basta con darle una simple oportunidad.


Adelantándome a alguna intervención, la semana pasada hubo unos altercados entre miembros de Al-Aqsa, que tomaron la municipalidad que gobiernan miembros de un partido cristiano en coalición con una agrupación de miembros de Hamas. Esto se intentó inflar a través de medios de comunicación conservadores; pero fue una tensión entre fuerzas políticas con el horizonte de las presidenciales, pero en este caso se resolvió de manera pacífica por todas sus partes. ¡Qué sirva de ejemplo también a otros lugares!

Tanto en Navidad, como durante todo el año... con Belén en el corazón, amb Palestina al cor!!!! DEMOS OTRA OPORTUNIDAD A LA PAZ.